Cuando eramos pequeños, teníamos muy claro qué queríamos ser cuando grandes. Astronautas, policias, cantantes, doctores, músicos, bailarines, bomberos, profesores. Si eso no fue lo que pasó, no significa que hayamos fracasado en nuestros deseos de infancia, pero seguro ahí hay algo para explorar. 

Hace algunos meses, entrevistamos a Hind Frata para nuestro podcast Work Life Romance y la entrevista se convirtió en una sesión de coaching en vivo en donde Hind nos guía a encontrar nuestro propósito vital, aquello que nos mueve por dentro y que le da sentido a todo lo que hacemos. En la entrevista, hacemos un viaje en el tiempo para encontrar momentos clave de nuestra infancia y luego pasamos a entender cómo nutrir ese propósito para que con el paso de los años sea más grande y poderoso. 

Hind Frata es Coach ejecutiva internacional, Leadership Coach de equipos para corporaciones y scale-ups. Ayuda a ejecutivos a impulsar su carrera, a clarificar su visión, a centrarse en sus grandes objetivos y a tomar medidas sin miedo para que puedan alcanzar sus objetivos más rápidamente y con propósito.

En este artículo te traemos lo mejor de esa entrevista para que encuentres tu propósito de vida 

¿Por qué es tan importante hablar sobre  la conciencia individual y el propósito de vida?

El motor principal de la vida, y por lo tanto del trabajo, es la capacidad del autoconocimiento, de tener claro qué te mueve como ser humano.

Una vez que descubres ese propósito, lo que nos da sentido en la vida, se destapan los valores, las pasiones, nuestros hobbies, todo lo que despierta esta alegría natural cada mañana. Entonces, cuando reconectamos con ese propósito de manera consciente, se enciende una luz que si la alimentamos todos los días crece cada día más.

La mayoría de nosotros estamos desconectados de nuestros propósito de vida. Hemos crecido en un sistema social con valores que no están enfocados en nuestro ser interior, por el contrario, se enfocan en adaptarnos a lo que la sociedad quiere y necesita de nosotros. Vivimos en un mundo en el que todos estamos al servicio del mundo. ¿Cómo hacemos para conectar con nuestro propósito en este contexto?

Claro, lo primero es entender que estamos desconectados de nuestro propósito porque nunca nos enseñaron a conectar con él. Dentro de la educación de los niños y niñas, es fundamental enseñarles a conectar consigo mismos por que el mundo siempre intentará alejarte de eso. 

Entonces, lo primero es tomarse tiempo a solas. No se puede reconectar con el propósito con ruido exterior. ¿Y esto qué significa? Estar en silencio. Este silencio se consigue estando cerca de la naturaleza, caminando y desacelerando la vida. Tenemos que crear un espacio interior seguro y darle cabida a las emociones.

A partir de ahí ya se pueden activar otras herramientas como por ejemplo la meditación y el mindfulness o la plena consciencia. Esto consiste en apagar el ruido mental y entrar en el aquí y el ahora y realmente poner nuestra atención en lo que estamos viviendo. Cuando estamos en un espacio tranquilo y tenemos el mar o las montañas delante, estamos reconectando desde un espacio abierto y entonces ahí se abre también un espacio interior. Si estamos en un espacio cerrado, nuestro espacio interior estará cerrado. 

Otra herramienta para llegar a esto es escribir lo que sentimos. Así hacemos una radiografía de qué es lo que me está funcionando bien en este momento y qué es lo que debo cambiar.

Esta combinación de mindfulness y escritura, ayuda muchísimo a sacar fuera lo que sentimos dentro, porque si solo nos quedamos con nuestros pensamientos racionales, no somos capaces de sentir y de llegar al propósito. 

Estamos acostumbrados a ver sólo lo físicamente visible, como por ejemplo, cuando estamos enfermos no tenemos ningún problema en notarlo y buscar ayuda. Pero cuando se trata de nuestro bienestar emocional, no lo escuchamos. Esto nos impide atenderlo. Por eso es tan importante abrir este espacio, para ver nuestro interior. 

Una vez entramos en ese espacio interior, ¿cómo podemos identificar nuestro propósito de forma concreta? 

Tenemos que reconectar con momentos en nuestra vida donde nos hemos sentido plenamente felices. Cuando reconectamos con estos momentos, volvemos a sentir esa emoción. Es probable que los primeros momentos que se nos ocurran sean los hitos de nuestras vidas, como la primera vez que me enamoré,  el día de mi boda, el nacimiento de mi hijo, pero estos son momentos puntuales y no son recurrentes, por eso es necesario profundizar a eventos contidianos que nos han marcado.

Cuando hice este ejercicio, en mi formación de coaching, quedé sorprendida porque uno de los momentos que logré identificar, fue que cuando era niña al final del año escolar, hacíamos un espectáculo de baile con todos los del salón. Recordarlo fue mágico. ¿Cómo me ayudó reconectar con ese momento? Me di cuenta que todos los eventos en donde bailaba eran de pura felicidad. Por alguna razón había dejado de bailar a los 18 años pero desde ese día empecé a hacerlo de nuevo. Me hace feliz, me pone a vibrar alto, me llena el espíritu.

Este es tan solo un ejemplo para explicar que ir a la infancia, nos ayuda a identificar actividades que nos hacen vibrar alto. En la infancia no le ponemos etiquetas ni juicio a nada, es totalmente genuino. Es nuestro ser interior auténtico que está diciendo soy súper feliz y salto y grito y canto, esa es una gran señal. 

Para mí bailar significa libertad. Como ven, esto va más allá de la parte visible que es el baile, lo que hay detrás son unos valores humanos arraigados. Esto me guía a encontrar las actividades, temas y creencias que están conectadas a estos valores. 

¿Qué pasa cuando reconectamos con momentos tristes pero que nos marcaron y aportaron gran parte de lo que somos hoy en día?

Dentro de nuestra historia, siempre tendremos eventos felices y momentos más tristes. Esto es parte de la vida. Pero cuando yo hablo de reconectar con el propósito, me refiero a las estructuras que despiertan emociones positivas, aunque no me gusta dividir las emociones como positivas y negativas porque la tristeza aunque se sienta incomoda, es positiva para ese momento por el que se está atravesando. 

Dicho esto, depende de nosotros activar y nutrir las emociones que nos hacen sentir bien. Esto se logra a través de los sentidos, la música, el baile, la escritura, mirar fotografías, lo que sea que nos despierte una sonrisa. Esa es la señal más sencilla. 

Rodéate de aquello que te hace sentir bien. El perfume o la vela que compres tiene mucho que ver en este espacio de bienestar que creas y cuando algo te guste pregúntate por qué te llamó la atención, ¿por el color, el olor, el nombre?. Hay señales en todas partes para llegar a los valores que te definen.

Lo más importante y difícil en este frenesí de sociedad en la que vivimos, es tomarse el tiempo, de tener pausas en nuestro día a día para cuidar nuestro ser interior. Desde que nos despertamos saltamos de la cama, nos vamos a duchar, preparamos el desayuno y entramos en acción. No nos tomamos el tiempo de agradecer que estamos bien, que estamos vivos. De ponernos una intención positiva ¿qué quiero sentir hoy?, ¿qué quiero hacer hoy?, ¿hoy cómo voy a aportar?. Fijaros, esto no requiere mucho tiempo. Esto requiere plena conciencia y atención e intención positiva. 

Es normal que hoy en día los problemas más graves de nuestra sociedad sean el estrés agudo, la falta de sueño, el burnout, la depresión, la ansiedad… es el llamado de nuestro ser interior a que lo atendamos. Atenderlo es poner todo el foco dentro de nosotros mismos.  

Ya hablamos de cómo entender lo que nos está pasando, reconectar e identificar este propósito. Ahora supongo que empieza el proceso de aceptarlo y empezar a tomar decisiones para aplicarlo en la vida, ¿qué consejos nos puedes dar para hacerlo?

Recientemente me estuvo rondando la pregunta de ¿qué es lo que me hace falta en mi vida en este momento?. Después de hacer todo el proceso del que ya hablamos, llegué a que necesito ligereza. Necesito conversaciones más ligeras, más humor, momentos más simples. Pues empecé a darme el espacio de ver programas que me aportan en este aspecto y que en algún momento juzgue porque no me aportaban en lo intelectual. Reconecté con personas que en el agún momento de mi vida me ofrecieron esa ligereza y sencillez. 

Otra forma de aplicar lo que sea que hayamos encontrado sobre nosotros, es aplicarlo sobre una narrativa positiva con nosotros mismos y con los demás. Cuidar nuestro entorno y revisar con quién estamos interactuando, qué estamos intercambiando y con qué frecuencia. Somos responsables de lo que escuchamos, lo que leemos y lo que absorbemos. Si yo soy consciente de las conversaciones que estoy teniendo, puedo influir en ellas, pero también tengo que ser consciente de lo que estoy recibiendo y puedo poner límite a conversaciones negativas. 

Cuando hablo de conversaciones positivas no me refiero a que sea todo fantástico y perfecto, hablo de aquello que nos da sentido, que nos ayudan a crecer, que nos hace pensar. 

¿Hay algún mensaje final que nos quieras dejar?

Estoy segura de que si nos cuidamos cada día con estos pequeños hábitos de escucharnos, de conectar con cosas positivas, de regalarnos tiempo para reflexionar y de bajar el ritmo, lo veremos en cada aspecto de nuestras vidas. Estaremos más felices y más sanos. 

Todas las actividades que he mencionado, desde caminar en la naturaleza, escribir, meditar, leer, escuchar música, son actividades lentas, ¿por qué?, porque la emoción es lenta. No la podemos atender de forma hiperactiva. La mente es hiperactiva, pero la emoción es muy lenta. Entonces, aprender a bajar el ritmo también va a hacer que la mente descanse.



Si quieres escuchar el episodio completo puedes hacerlo en:

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